A veces, por un deseo sincero de proteger la naturaleza, se proponen medidas para frenar la industria del GNL, pero debemos analizar las consecuencias globales de tales acciones. El estudio de S&P Global advierte que frenar el desarrollo del GNL en EE. UU. no detendrá la demanda mundial de energía; simplemente la desplazará hacia fuentes menos reguladas y más sucias. Un escenario de paralización dejaría un vacío que otros proveedores llenarán con combustibles de mayor impacto ambiental.
Si EE. UU. deja de suministrar este gas, el 85% de esa necesidad será cubierta por combustibles fósiles extranjeros, liderados por el carbón y otros suministros de GNL acelerados en otras regiones. Esto significaría un aumento neto en las emisiones globales, lo contrario de lo que buscamos. Además, gran parte de ese reemplazo vendría de proyectos en regiones donde no existe el nivel de escrutinio ni la trazabilidad que se está implementando en la industria estadounidense.
Detener el GNL también pondría en riesgo la estabilidad económica necesaria para financiar la propia transición verde. La industria proyecta generar $1.3 billones en ingresos para 2040, capital que impulsa la innovación y sustenta cientos de miles de empleos. Sin este motor económico, el camino hacia las metas climáticas se vuelve mucho más costoso y lento para la sociedad en su conjunto.
En conclusión, frenar el GNL de EE. UU. es un riesgo que el clima no puede permitirse. Es dar un paso atrás hacia el carbón global y debilitar la posición de EE. UU. como un proveedor confiable de energía más limpia para sus aliados. La solución consciente es seguir mejorando la industria, no detenerla, asegurando que el mundo tenga acceso a una herramienta de descarbonización que es transparente, verificable y eficaz.
Fuente: S&P Global, Major New US Industry at a Crossroads: A US LNG Impact Study – Phase 1, diciembre 2024.











